
Sólo queda el silencio,
las pisadas del tiempo en mi corteza
y el murmullo del aire,
el olor de la lluvia en los bolsillos
y algún recuerdo vago
de aire puro y escarcha en los pulmones.
Solo queda a lo lejos
la letanía suave de las hojas
sobre los pies cansados del olmo que se muere,
solo quedan flotando las palabras
entre mis ramas secas,
cuando extiendo mis manos
y me duele tu nombre entre los dedos.
Solo quedan mi paz y mi mirada triste,
y el color apagado de la tarde
que atrapa con sus dientes la luz entre las sombras.
Se empequeñece el alma del parque junto al muro
y en el banco de hierro
desde el que me mirabas,
solo queda tu ausencia.